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miércoles 22 de octubre de 2008

De reos....tras el Príncipe de las Mareas


-ya se que no me prodigo, pero espero que os guste-
Este verano, como otros tantos acudí con toda la tropa familiar a mi cita con las tierras celtas. Para mí ofrece una perspectiva absolutamente maravillosa pues me permite cumplir con mis obligaciones paternofiliales y además dedicarme a perseguir a los reos, mis adorables reos.



Esos peces me tienen sorbido el seso. Es llegar a mi destino y decirle inmediatamente a mi mujer "dame la lista que me voy a hacer la compra"... y claro ella contesta "toma y no te líes con los reos". La razón es que de camino al supermercado puedo asomar la cabeza a mi rinchi favorito y ver cómo van a ser mis vacaciones de pesca, que si el río viene alto, que si viene bajo, que mira esos reos esperando, que mira esos otros...etc. Realmente tengo palpitaciones.


Mirad qué foto, yo he contado 15/20 reos; ¿no me digáis que no os estáis poniendo nerviosos?.


Bien, me dirijo al amanecer a enhebrar uno de esos torpedos, son las 6:00 am y afino el equipo: en lo que ahora interesa una caña rápida y potente y un bajo de 0.17 mm (bromas las justas). Entro en el río y veo varios comiendo. ¡Vaya forma de enseñar los lomos!, les pongo una emergente nada, les pongo una emergente micro, nada les pongo una hormiga nada... y así hasta las 10 de la mañana. Bolo, pero bolo de los que escuecen, pues los reos estaban comiendo antes, durante y después de mis intentos. Pero me digo, "ya os pillaré cabrones, en la hora del villano". Vuelvo a casa y hago de padre aunque no puedo concentrarme el resto del día en nada.




Vuelvo a las 8:30 de la tarde, puto atasco de entrada y salida al pueblo celta. Llego, monto los bártulos y allí siguen esos mamones, dale que te pego. He de decir que mi lugar secreto está muy cerca del estuario y por ello los reos son enormemente fuertes. Cuando los coges sus lomos son como los de los atunes, duros como una manzana. Por ello sólo tienes una oportunidad de pararlos, si los clavas, en zonas amplias, mejor aún en aguas paradas.



(perdón por tratarte así, pero estaba solo y necesitaba y merecías esta foto...)

Después de una hora poniendo moscas, se siguen riendo de mi hasta que me acuerdo que me queda un único tricóptero de becada que me dio Paco "Maravillas". Lo pongo, lanzo y sube tan tranquilo. Al darle el cachete, Mr. Reo pegó un brinco de más de 80 cms. fuera del agua, giro sobre sí mismo y se soltó. Debía medir entre 50 y 60 cm el mamón.




Lanzó al siguiente reo y vuelve subir, lo clavo nuevamente a la primera y otra vez una sucesión de saltos, brincos, pingoletas -que diría Delibes- que me producen una descarga de adrenalina con toda probabilidad muy superior a la que tuvo el pobre pez. Pero esta vez lo llevo a la sacadera.




Tras varios reos clavados y vencidos, revisando cada vez el bajo de línea pues sólo tengo una única mosca ganadora, otro bicho enorme me parte la línea y me deja sin mi as. Desolación. Cabreo.




Como ya estoy en pleno sereno, consigo enganchar algunos más. Menuda noche.

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Tuve la suerte de compartir con Chema Blasco otras jornadas de pesca de reo, unas buenas, otras aciagas, mayoritariamente me han vencido durante el día. Al caer la noche, en el sereno, a la hora del villano, siempre pude enganchar unos cuantos.

Mirad nuestras caras...¡vaya expresiones de emoción y felicidad...!



Pero desde luego, lo que queda, la demostración de inteligencia y poderío físico de los reos celtas me tiene cautivado...



Volveré... (Gral. Mc. Arthur y Zata).

4 comentarios:

Varo dijo...

Enhorabuena Zata!
Es cierto lo de la cara de felicidad...suele pasar cuando te estan tomando el pelo durante todo el dia y al final consigues enganchar uno. Sensacion increible.
Saludos

SEGOVIANO dijo...

Muy bueno Zata, hasta ahora la entrada que más me ha gustado de las que has hecho....pese a que no he probado nunca la pesca del "príncipe de plata" con tu relato y las fotos he podido sentir la ansiedad de verlos al asomarme al río, y notar la emoción de pensar en echarles una mosca....aunque te den julepe!

Pepe

Gaizka dijo...

Bonito relato y estupendas fotos.. Y que razón tienes de que los reos le envenenan a uno por dentro. Es un pez en mi opinión bastante loco, quizás sea algo de esa locura lo que nubla parte de nuestro sentido con sólo oir hablar de ellos.
Precioso post.
Saludos.

Anónimo dijo...

Comiendo todo el día, eso hay que aprovecharlo, prefiero estar delante de una ceba constante de reos y no engañar a ninguno. A estar sacando truchas constantemente. Es cuando mi mente empieza a divagar entre dragados, presentaciones, hilos, moscas e infinidad de convinaciones, para mi personalmente eso es pescar. No el echo de sacar peces.

Un saludo desde La Rioja